En la primera década de 2000 fue Gasolina. En la segunda es Des-pa-cito. Las dos canciones tienen a un sujeto en común: Daddy Yankee. Desde Gasolina, no se vive, no se siente ni se oye con tanta intensidad un tema de música urbana. Lo que llama la atención es que venga de un artista como Luis Fonsi; que sea él, el menos pensado, el que nadie esperaba, quien fuera a dar un ‘hitazo’ que cambiaría la historia de la música latina para siempre. (Los 10 artistas con los álbumes más vendidos de la historia)

Despacito, más que una canción, se ha convertido en un movimiento. Ha sido el primer tema en español en llegar al número 1 del top global de Spotify, aunque recientemente fue destronado por Mi gente, de J Balvin, pero podemos decir que abrió la puerta.

En una visita a Colombia, Justin Bieber fue testigo de la locura colectiva en una rumba cuando sonó Despacito. Cuatro días después, estaba lanzando su featuring: una versión en la que él mismo cantaba, y en español, junto a Yankee y a Fonsi. Esto le terminó de dar a Despacito el empujón que necesitaba para, en un par de meses, destronar al propio Bieber de su número 1 en millones de streamings o reproducciones: la canción de Fonsi alcanza los 4800 millones de streamings combinados —es decir, en sus diferentes versiones—, mientras Sorry, de Bieber, lleva 4380 millones.

Despacito ha sido número 1 en 35 países y su video es el que más rápido ha alcanzado los 2000 millones de vistas. Bien por Carlos Pérez, gran director de videos de música latina.

Y si seguimos mirando los números, vamos a ver que desde 1996, cuando Los del Río sacaron su one hit wonder Macarena, una canción latina no llegaba a los listados estadounidenses como número 1; y mucho menos durante diez semanas. Por eso, la industria musical gringa mira aún con asombro el éxito de Despacito. Es como si se preguntara: “What the fuck just happened?” (¿Qué putas acaba de pasar?), pues haciendo la fila se quedaron las versiones latinas de canciones de DJ Khaled, Rihanna, Kendrick Lamar, Selena Gómez y Drake. (La lucha de los herederos del Grupo Niche)

Ahora, se avecina una inversión interesante: antes, los latinos querían cantar en inglés; hoy, los mediolatinos —y hasta los norteamericanos— que han cantado en inglés toda la vida están mirando con ojo de águila a ver cómo es que le van a entrar al mercado latino, cómo es que van a invitar a uno que otro urbano a que colabore en sus nuevos sencillos. Mire no más que J Lo anda cantando en español: que invitando a Gente de Zona por aquí, que terminando un featuring con Yandel por acá, que otro con Wisin, y así... atendiendo por las dos ventanillas.

Acepto que no disfruto del tan aclamado género urbano. Pero, duélale a quien le duela, Despacito es una canción que amalgama una cantidad de elementos en perfecta armonía: desde el cuatro hasta bases de salsa, cumbia y pop; desde diversos hooks o ganchos hasta un coro que se mete en los oídos con el único propósito de no permitirle a uno volver a leer esa palabra de nuestro bello idioma sin hacer una asociación sonora inmediata que nos remite a ese coro: Des-pa-cito.

Hay un término científico que explica ese síndrome de la canción pegada, que no nos abandona: se llama “earworm” y en español significa algo así como “gusano en la oreja”. Algunos de los principios del earworm es que los estribillos no duran más de 30 segundos, que vienen de canciones con melodías sencillas y que cada vez que uno lee esa palabra viene acompañada de una tonada.

Ya Fonsi y Daddy se habían juntado en 2010 para hacer una canción que ni sonó ni tronó, llamada Dame una oportunidad. Su retorno con Despacito, este comeback de un dúo compuesto por un artista de baladas pop y un ícono de la música urbana que ha marcado a un par de generaciones, nos llevó a muchos —por morbo más que por un acto de fe— a ver el video, a escuchar la canción. “Ay, a ver ahorita con qué va a salir este… nada que ver Fonsi haciendo música urbana, pero veamos, pues”. Y vimos, el mundo entero lo ha visto.

Sin Despacito, Fonsi seguiría como antes: sería un músico común y corriente, un compositor de baladas románticas, un artista que de vez en cuando llega a un disco de oro, que hace sus concierticos modestos para un público definido y cada vez menos joven, que está por ahí en la industria de la música latina pero nunca en primera plana.

Ahora, Fonsi sí es músico y sí es compositor y sí ha tenido algo de éxito. En 2000, Ednita Nazaro se ganó un Grammy por una canción compuesta por él. Y él solo ganó discos de oro con los álbumes Eterno, Amor secreto y Paso a paso. Y en 2008, con el disco Palabras del silencio, se llevó en Viña del Mar las codiciadas Antorchas de Plata y de Oro, además de la Gaviota de Plata. (Las 10 mejores canciones de Héctor Lavoe)

Pero Fonsi se quitó sus cadenas de baladista pop, se aventuró en aguas llenas de tiburones blancos, como las aguas del género urbano, y se la metió toda a un video divinamente ejecutado, que derrocha una sensualidad abrazadora en el viejo San Juan. Con esta jugada, o coronaba o lo crucificaban. O de golpe ni llegaba a ser crucificado, porque, para ser sinceros, era un artista sin una verdadera trascendencia en la industria de la música.

Supongo que nadie se imaginó que tras las ganas de reinventarse de Fonsi y después de que el artista acudiera a ayuda profesional —la de Erika Ender y Daddy Yankee, coautores de Despacito— fuera a surgir este momento histórico para la música latina: ahora el mundo entero voltea a mirar para acá, para apreciar nuestras propuestas musicales, nuestro baile, nuestra sensualidad.

Sin duda, este tema le ha dado una inyección de adrenalina al corazón de la música latina. Y puede que nosotros no lo veamos tan claro, porque, de hecho, a muchos latinos la canción nos puede parecer un hueso, pero sí lo ve el resto del mundo; hay algo en Despacito que despertó ese elemento que mata a los gatos: la curiosidad. Aunque es cierto que muchos artistas latinos labraron el camino para que algo así se diera: Celia Cruz, Gloria Estefan, Marc Anthony, Ricky Martin, Shakira y, por supuesto, Daddy Yankee, el Jay-Z del movimiento que ahora se denomina urbano.

Uno se pregunta qué viene después de Despacito para Fonsi, cuáles son las otras canciones del álbum, si sacará otro hit... Y, la verdad, es que no se sabe: este fue solo un single, un tiro al aire que Fonsi echó a ver qué pasaba. ¿Y qué pasó? Que le sonó la flauta, que se le alinearon los astros, que sacó la canción más exitosa de la música latina… y eso no se lo quita nadie.

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