Nailsworth, Inglaterra. Un diminuto pueblo de 6000 habitantes al suroeste de Inglaterra con un par de iglesias, un mercado local y una reducida página de Wikipedia que poco invita a conocerlo. Es, a fin de cuentas, un pueblo más del Reino Unido que puede dejar de existir y pocos lo notarían. Pero este pequeño lugar tiene algo diferente, algo único: alberga el equipo de fútbol más ecológico del planeta tierra; el Forest Green Rovers. (La favela que se aferra al fútbol para combatir la guerra)

Su nombre ya de por si lo invita a pensar que tiene que ver con el medio ambiente: traducido al español sería algo así como Bosque Verde, dos palabras que inmediatamente se relacionan con el planeta y la ecología. Pero no siempre fue así: fundado hace más de 100 años —en 1889 para ser exactos— adquirió su nombre por la amplia zona verdosa que rodea el pueblo de Nailsworth y empezó a participar en ligas regionales. Luego ingresó oficialmente a formar parte de la Federación Inglesa de Fútbol donde siempre ha permanecido en categorías inferiores y su mayor logro lo consiguió precisamente hace unos meses cuando ascendió a cuarta división.

Es un club humilde común y corriente, siempre luchando su puesto en la mitad de la tabla, en donde poco y nada sucedía. Hasta 2010 cuando la historia del club se partió en dos y a la dirigencia llegó el nómada y empresario Dale Vince que compró y asumió la presidencia del equipo. Vince, un millonario ambientalista que fundó su propia compañía de energía renovable, tenía una misión: convertir Forest Green Rovers en el club de fútbol más amigable con el medio ambiente del mundo. Siete años después lo ha conseguido. (El inglés que prefirió el fútbol colombiano al europeo)

El dueño empezó cambiando los hábitos alimenticios de los jugadores al imponerles una dieta totalmente vegana y cambiando el menú que tenía el estadio para sus aficionados. Sí, todavía se consigue cerveza pero todos los productos son orgánicos y naturales. Además, el aceite que se usa para cocinar jamás es botado y más bien se recicla como biocarburante. Vince también decidió cambiar el color del uniforme del club por uno más verdiblanco y, por supuesto, su principal patrocinador es la empresa de energía renovable Ecotricity, cuyo dueño es el presidente. Sobra decir que los uniformes se hacen con camisetas totalmente recicladas.

Pero la cosa no acaba ahí: el estadio ‘The New Lawn’ —sede del club— es un coqueto recinto en que le caben 5000 personas pero se enorgullece de ser 100% amigable con el medio ambiente. Tiene, por ejemplo, energía solar que es la encargada de la electricidad del complejo, la pintura que se usa para adecuarlo es totalmente libre de químicos y a sus afueras además de contar con estaciones que recolectan agua lluvia, cuenta con una huerta para campesinos locales. Aunque tiene pocos parqueaderos, porque promueven que la gente camine, los que tiene son solo para carros eléctricos y ahí mismo pueden cargar la batería. (Las sanciones más fuertes en la historia del fútbol)

Además, su pasto es completamente natural y nunca se usan químicos o luces artificiales para mantenerlo. Esta medida ha logrado que el club se atribuya con ser el primero con un campo completamente orgánico. En 2012 el club adquirió un robot que funciona con energía solar y que tiene la misión de cortar el pasto y dejarlo en intactas condiciones sin la necesidad alguna de un ser humano. Es la única máquina operada con luz solar que tiene el fútbol británico.

Todas estas medidas han logrado que el Forest Green Rovers sea pionero en el mundo de la sostenibilidad ambiental y se gane una reputación por ser el club de fútbol más verde del planeta. Pese a jugar ahora en la cuarta división de Inglaterra —su mejor posición en la historia— el club sigue haciéndose famoso por sus estrictas políticas ambientalistas que invitan y promueven a los aficionados del fútbol a vivir y pensar de una manera más sostenible. Si en el fútbol no les va bien, al planeta le ganan por goleada.

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