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| 8/8/2019 11:00:00 AM

La pasión de Alejandra Azcárate

Si hubiera que elegir la foto más polémica de SoHo en toda su historia, sin duda esta, aparecida en julio de 2005, se contaría entre las tres finalistas.

De izquierda a derecha: Fidel Bassa Santana, Carlos Gaviria, Luis Humberto Gómez Gallo, Mauricio Rodríguez, Guillermo “la Chiva” Cortés, María Margarita “la Paca” Zuleta, Alejandra Azcárate, Giovanni Lanzoni, Manuel Velandia, Andrés Hoyos, Germán Medina, Juan Martín Caicedo Ferrer y Lucas Jaramillo. De izquierda a derecha: Fidel Bassa Santana, Carlos Gaviria, Luis Humberto Gómez Gallo, Mauricio Rodríguez, Guillermo “la Chiva” Cortés, María Margarita “la Paca” Zuleta, Alejandra Azcárate, Giovanni Lanzoni, Manuel Velandia, Andrés Hoyos, Germán Medina, Juan Martín Caicedo Ferrer y Lucas Jaramillo. Foto: ©MAURICIO VÉLEZ

Con la recreación de La última cena, de Da Vinci, la revista le siguió las aguas a la propuesta estética del fotógrafo Mauricio Vélez de revivir a Jesucristo y sus apóstoles con personajes colombianos. Pero la idea fue también transmitir un mensaje de inclusión, tolerancia y humor, “de que podemos sentarnos en la misma mesa”, en momentos de un amenazante oscurantismo, al invitar a representantes de las más diversas procedencias: blancos, negros, viejos, jóvenes, homosexuales, heterosexuales, deportistas, políticos de izquierda y de derecha, futbolistas e intelectuales, entre otros. Alejandra Azcárate encarnó a Jesucristo, tanto en la réplica del cuadro, como en una serie de imágenes alusivas a la pasión, con coronas de espinas y flagelaciones sobre su silueta desnuda.

Las impactantes imágenes fueron acompañadas por un texto en que Fernando Vallejo, célebre por su anticlericalismo, satirizaba a los Evangelios... y aquello ¡fue Troya! El escándalo estalló cuando un grupo conformado por el futuro procurador Alejandro Ordóñez, Laicos por Colombia y otras organizaciones, demandó a la revista por la representación. Finalmente, la justicia no les dio la razón y triunfó la libertad de expresión en el país. Nuestro defensor fue Humberto de la Calle, y no cobró un solo peso.

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