El tema lo puso de moda la película El francotirador, de Clint Eastwood. Interpretada por Bradley Cooper, narra la historia de un soldado norteamericano en la guerra de Irak quien con su rifle con mira telescópica eliminó a 250 personas.

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Sin embargo, 80 años atrás en la nieve de Finlandia, un hombre vestido de blanco a 30 grados bajo cero había duplicado ese récord.

Las tácticas de Häyhä incluían la construcción de fuertes de nieve compacta para mitigar la vibración del disparo y así pasar inadvertido.Dos francotiradores camuflados apuntando a sus víctimas durante la Segunda Guerra Mundial.

Corría noviembre de 1939 y la entonces Unión Soviética atacó a Finlandia, tres meses después del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

En las filas del ejército finlandés, para nada despreciable, pernoctaba un singular soldado veterano que murió en este siglo y que, por eliminar a 505 contrincantes soviéticos en solo 105 días de enfrentamiento armado, pasará a la historia como el más letal de todos los tiempos. Fue apodado por el ejército soviético como "Biélaya Smiértch" (en finés: "Valkoinen Kuolema" y en español: "La muerte blanca").

En términos matemáticos, el ‘eficaz’ tirador eliminó a 4,8 mortales por día, casi cinco vidas en 24 horas. Paradójicamente, el exabrupto lo catapultó entre sus lanzas y lo bautizó como el mito mejor guardado de la guarnición finesa.

Las tácticas de Häyhä incluían la construcción de fuertes de nieve compacta para mitigar la vibración del disparo y así pasar inadvertido.

Desde sus inicios como militante en el ejército del país nórdico, Simo Häyhä se caracterizó por su impecable puntería en contra del invasor ruso que, años más tarde, le adjudicaría un récord de maldad de dimensiones extraordinarias. El soldado actuaba en temperaturas que oscilaban entre -20 y -40 grados centígrados y vestía de blanco completamente, emulando la nieve como camuflaje.

Utilizaba un fusil estándar M28 Pystykorva, una versión local del fusil soviético Mosin-Nagant. Evitaba a toda costa las miras telescópicas, en reemplazo utilizaba las de hierro, con varios propósitos: ser un blanco de menor tamaño para sus oponentes en el fuego cruzado y así no elevar tanto la cabeza; no ser delatada su posición por el reflejo del sol en el lente y aumentar la precisión, pues el telescópico se empañaba fácilmente en temperaturas extremas.

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Häyhä impuso la fatal marca: mató a 505 soldados enemigos. Otras fuentes le adjudican más bajas, pero no es oficial pues el recuento diario de rusos finados se llevaba a cabo en el campo de batalla por los mismos francotiradores finlandeses.

Sorprende su nivel de pericia y estrategia de guerra. "La muerte blanca", como si fuera un juego de ajedrez, creó sus propias estrategias para prevenir el ataque enemigo. Tanto así que construía fuertes de nieve compacta delante de su posición para que al momento del disparo la vibración se mitigara y pasara inadvertido; se llenaba la boca de nieve para que su aliento no lo delatase; y, curiosamente, su corta estatura (1,52 m) le vino en provecho, pues esa figura humana se escabullía fácilmente.

Häyhä lee plácidamente en la sala de su casa custodiado por varios de los rifles que utilizó durante su época de francotirador.

El libro Francotiradores de la Segunda Guerra Mundial registra que el 6 de marzo de 1940 el finés fue herido en la cara por una bala rusa. Antes de esto, los soviéticos intentaron por todos los medios eliminarlo, sin éxito. “Elaboraron una serie de planes para acabar con él, incluyendo el envío de francotiradores y ataques de artillería”, dice. Se presume que el accidente fue producto de un disparo al azar.

Simo fue rescatado por sus compañeros, quienes relataron posteriormente que “la mitad de su cara había desaparecido”. El impacto lo dejó en coma hasta que volvió en sí siete días más tarde, el 13 de marzo, fecha en la que se firmó la paz entre la Unión Soviética y Finlandia.

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“Tras la guerra, fue ascendido de cabo a teniente segundo por el mariscal de campo Carl Gustaf Emil Mannerheim. Ni antes que él ni posteriormente solda-do alguno ha obtenido un ascenso en circunstancias tan dramáticas en la historia militar de Finlandia”, relató Una breve biografía de Simo Häyhä’.

Una de las grandes secuelas que le dejó la Segunda Guerra Mundial fue la enorme cicatriz de la cara que le produjo el impacto de una bala rusa.

El francotirador tardó varios años en recuperarse por completo de la herida causada por el proyectil que le atravesó la mandíbula y le arrancó la mejilla izquierda. Tras la Segunda Guerra Mundial, pasó el resto de su vida dedicado a la agricultura, a la caza, sobre todo de alces, y a la cría de perros. En varias ocasiones se le fotografió cazando con el entonces presidente finlandés, Urho Kekkonen.

Simo Häyhä falleció de muerte natural en un asilo para ancianos veteranos de guerra ubicado en una aldea llamada Ruokolahti, en el suroriente de Finlandia, cerca de la frontera con Rusia, a los 96 años.

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“El impacto de Simo y de hombres como él hizo que los rusos pagaran caro por la invasión. Mientras que Finlandia perdió 22.830 hombres, a Rusia le equivalió la vida de 126.875 y 1,5 m de fuerza invasora fuerte”, recogió The Telegraph, en abril de 2006.

“Practicando”, respondió el exsoldado finés en una de sus últimas entrevistas concedidas (1998) a la pregunta: “¿Cuál era el secreto para llegar a ser un buen tirador?”. En cuanto a su indiscutible y pavoroso récord, señaló: “Hice lo que se me ordenó lo mejor que pude”.

La tumba de Häyhä, quien falleció en 2002. Se calcula que mató a 505 soldados soviéticos en 105 días, una media de 4,8 hombres por día.

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