Primero debo decir que llevo dos años montando en moto. Soy motociclista aficionada, no vivo de esto. En realidad soy médica veterinaria y una apasionada por las actividades al aire libre. Antes había hecho un viaje de diez días por Santander y Boyacá, ese era el más largo hasta ahora porque los anteriores habían sido máximo de cinco días.

(Memorias de mi viaje a Disney)

En realidad la idea fue de Juan, mi compañero de viaje. Él ya había hecho un recorrido de estos en el 2009. Después de eso solo fue tomar la decisión rápido y arrancar. Creo que eso es lo que detiene a las personas, uno piensa mucho y no termina haciendo nada.

Salimos de Colombia, cruzamos a Ecuador, pasamos a Perú por toda la costa. Luego hicimos Chile y ahí manejamos por la Cordillera de los Andes para llegar a Argentina.

Disfrutamos de las partes más bonitas que compartían los países. Hay fronteras en las cuales el paisaje es un espectáculo. Por ejemplo, Valle hermoso queda en Argentina. Es un lugar para ir a esquiar y solo está abierto cinco meses al año. El camino es una carretera destapada como de 17 kilómetros y llegas a un valle increíble acompañado de una laguna espectacular. Solo puede llegar allá por esa carretera y para quedarse debe que acampar.

Afortunadamente soy veterinaria independiente, hago medicina en casa. Entonces no tenía nada que me atara en cuestiones laborales. Claro que hay que ahorrar, aunque finalmente el dinero se soluciona.

En el camino no faltaron los problemas. Tuvimos un inconveniente con el motor. Ese día, nos varamos en el cruce de frontera que se llama Malargue, Argentina, para cruzar a Chile. Había pocas estaciones de servicio, pasamos la última y nos habían dicho que había otra más adelante. Decidimos seguir derecho, ya cuando íbamos a entrar a la frontera, mi moto se apagó y teníamos muy poca gasolina para volver a la primera estación de servicio a la que decidimos no entrar. Cuando llegamos a la segunda estación ya no había combustible. Nos tocó prender la moto empujada y volver al pueblo donde decidimos no tanquear. Ahí pasamos como cuatro días, pero yo digo que afortunadamente la moto se varó. De lo contrario hubiéramos continuado y nos hubiéramos quedado sin gasolina en medio de la nada. Es una frontera muy larga y no hay nada alrededor, ni casas, literalmente nada.

Eso sí, tuvimos que estudiar las normas de tránsito de cada país, pero debo decir que en pocos países se cumplían. En Argentina nos llegaron a multar tres veces. Con el daño de mi moto, no podía encender las luces para evitar que se descargara la batería. Los tres días que nos demoramos volviendo hasta una ciudad principal fueron suficientes para que me parara la policía tres veces y me hicieran las tres multas.

Como íbamos sin afán había días en que hacíamos entre 100 y 120 kilómetros. Pero hubo recorridos en los que alcanzamos a hacer 750 kilómetros. En promedio hacíamos 400 kilómetros que implicaban entre 6 y 7 horas de ruta. Finalmente la idea era disfrutar el trayecto.

(Viaje al pueblo más pobre de Colombia)

Otra de las cosas que disfruté mucho fue tomar fotos de buena calidad. Cuando había sitios muy bonitos pasábamos mucho tiempo tomando fotos. Incluso, se nos pasaba el tiempo sentados contemplando el paisaje.

Nosotros no teníamos claro para dónde íbamos. No habíamos hecho un plan, ni un cronograma. Cada día nos levantábamos y mirábamos cuál sería la ruta. Mirábamos los hoteles que quedaran en el camino y en los que podíamos hacíamos la reserva. Había muchos pueblos que no tenían hoteles, ahí nos tocaba llegar a buscar hostales, acampar en los parques naturales y muchas personas nos ofrecieron quedarnos en sus casas.

Claro que varias veces pensé en parar el viaje y devolverme. A veces el compartir con la misma persona las 24 horas del día es difícil, teníamos inconvenientes y uno se desanima mucho. Recuerdo especialmente un día en Perú. Íbamos de Puno a Cusco y esa ruta es muy difícil. El día empezó mal, tuvimos problemas al salir del hotel. Ya sobre la carretera nos encontramos un perro que habían atropellado y estaba muy mal. El dueño del perro dijo que ya lo dejáramos ahí, pero para nosotros fue imposible. Lo llevamos a una veterinaria y el doctor dijo que no había nada que hacer y lo tuvo que sacrificar. Saliendo de ahí una camioneta nos empezó a cerrar, más adelante había un retén de la policía y nosotros denunciamos al señor. La policía terminó diciendo que la culpa era nuestra y nos iba a hacer un comparendo. Afortunadamente el día acabó ahí y pudimos seguir nuestro viaje.

Una vez en Brasil, camino a las cataratas del Iguazú en Argentina, llegamos a un pueblo donde nos recibieron como héroes. La idea era estar un solo día y duramos una semana. Allá nos repararon las motos, nos lavaron la ropa, nos invitaron a comer todos los días, eso fue increíble. Casi no nos dejan ir.

En varios países nos encontramos con protestas, sobre todo en Bolivia y Perú. Cerraron vías y todo pero esas veces hablamos con ellos y pedimos permiso para pasar y nunca tuvimos problema.

Una vez en Uruguay hicimos un camping y el encargado del lugar nos dijo que no había problemas de seguridad. Frente a la carpa dejamos unas cosas y al salir me di cuenta que no estaba uno de mis zapatos. El señor del lugar nos contó que había un perro que tenía la costumbre de pasar y robarse los zapatos que quedaban a la vista. Tuvimos que ir al pueblo siguiente a comprar zapatos porque eran los únicos que había llevado al viaje.

Vimos ballenas jorobadas en Ecuador, zorros grises, serpientes y muchos animales impresionantes. Yo soy una persona un poco sensible y en este viaje las emociones llegan al límite. Muchas veces lloré de alegría.

Intentamos no regresarnos por los mismos caminos por los que ya habíamos pasado. Lo único que sí tuvimos que repetir fue la entrada a Colombia por Ecuador.

Escoger algo del viaje es imposible. Un viaje así te cambia la vida. Ir en moto te permite sentir todo muy cerca. En la red de motociclistas hay un apoyo impresionante. Yo me metí en un problema porque ahora siento una necesidad muy grande de seguir viajando. Por supuesto, ya estoy planeando el siguiente.

(Nuestro viaje a Grecia)

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