Probablemente, cuando piensa en un laboratorio dedicado a la sexualidad, lo primero que se imagina es un cuarto con tubos de ensayo, microscopios, una cama y un vidrio desde el cual un grupo de científicos observa y toma apuntes. O por lo menos eso imaginé cuando acordé mi cita para visitar el SexLab en Bogotá. (Visita al museo del pene)

Obviamente estaba equivocado y me encontré con un lugar increíble. Se trata de un laboratorio que se inauguró en 2015. Es una pequeña habitación que no supera los cuatro metros cuadrados. Al director, el psicólogo español Pablo Vallejo-Mejía, que por cierto es un duro en los temas de investigación sexual, se le ocurrió la idea después de visitar un laboratorio por el estilo en Portugal e intentó replicar el modelo en Colombia.

Al entrar me encontré con la sala donde trabajan los investigadores. Allí cuelgan carteleras con algunos de sus descubrimientos. Por ejemplo, el poco uso del condón (sobre todo en el sexo anal y oral), el increíble desconocimiento de las mujeres sobre la agresión sexual, la edad (14 años) en la que los niños colombianos están empezando a tener sexo y otros tantos que usted puede ver en su página de Facebook.

Uno de los datos que más me llamó la atención es que el 40% de las mujeres y el 30% de los hombres tienen problemas sexuales a lo largo de su vida. Confieso que me puse nervioso al pensar que pudiera entrar en ese rango después de hacer este experimento. Para mí tranquilidad no fue así, pero no nos adelantemos.

A continuación entramos a un cuarto de desinfección que, según cuenta Pablo, aplica los más altos protocolos de desinfección para eliminar virus de VIH, hepatitis, hongos y cualquier otra infección. Quizás es el lugar más limpio al que he entrado en mi vida. (Visita al forense más famoso del mundo)

Después pasamos a la sala de control. Un lugar con dos pantallas que monitorean los aparatos a los que más adelante me conectarían. Desde allí hacen el seguimiento los dos hombres que me acompañarían en el proceso. Para tener resultados más precisos y evitar “magnificar las respuestas” a los heterosexuales nos acompañan personas de nuestro mismo sexo.

En esa misma sala tuve que responder unos cuestionarios que arrojan información que uno ni se imagina. Por ejemplo, su deseo sexual, su respuesta a ciertos momentos que pueden resultar eróticos y hasta la percepción que tiene de su desempeño sexual. Y hasta aquí usted va acompañado.

Después de responder todas las preguntas, seguí a un cuarto que no tiene más que un computador y un sillón cubierto con una bata de esas que le ponen a uno en las cirugías. Supongo que ante esta escena no hay mucho que explicar.

Uno simplemente debe ponerse en el dedo índice un aparato que le registra el ritmo cardiaco. Luego bajarse los pantalones, sentarse en el sillón y poner en el pene un pletismógrafo, una especie de anillo de caucho elástico que envía información de la erección. Ese caucho recibe una pequeña corriente eléctrica (que no se siente para nada). A medida que el pene crece, el caucho se estira, disminuye la resistencia eléctrica y ese cambio se traduce en la medida de la erección que más adelante los científicos evaluarán. 

Luego, por cuestión de intimidad, me apagaron la luz. Entonces empieza un video con todo tipo de flores y una de esas canciones que suenan en los ascensores. Según me había explicado el profesor Vallejo, lo que buscan esas imágenes es disminuir la tensión de la persona que se está sometiendo al estudio. Usted entenderá que no es lo mismo ver porno en la comodidad de su casa que estar en un cuarto blanco atado a unos cables y con dos personas pendientes de su erección.

Después de estar lo más tranquilo posible empieza un video porno. Ella, en ropa interior, entra a la habitación en la que él la espera desnudo y, sin ningún preámbulo, empiezan a tener sexo. Ese video busca generar un estímulo para que aumente el flujo de sangre hacia los genitales. El dispositivo que tenía en el pene es tan sensible que incluso una palmadita en la espalda podría alterar los resultados. Por eso lo ideal es quedarse quieto. (Visita a las monjas marihuaneras)

Al finalizar el porno, sigue un nuevo paisaje, luego otro video porno, luego otro paisaje y el experimento termina con un video porno más. El ejercicio no funciona igual con hombres y mujeres. De acuerdo a los investigadores, bastan tres minutos de estímulos eróticos para que un hombre se excite, mientras las mujeres necesitan casi seis. Los videos que usan con los hombres se concentran en la penetración (literalmente tan pronto empezaba el video, había una escena de sexo explícita) mientras que en el porno utilizado con mujeres, deben ser las actrices quienes inician la escena, los actores deben ser atractivos y la historia es más elaborada.

Tan pronto terminé de ver la serie de videos tuve que quitarme los cables, subirme los pantalones y salir a escuchar los resultados.

Mi reacción con el porno fue como la de cualquier hombre promedio. Hubo un incremento normal en el flujo sanguíneo en especial cuando aparecían escenas con sexo oral. Los resultados también dijeron que soy "abierto" en los temas de sexualidad. Así las cosas solo espero que me vuelvan a invitar a este sexlab para ayudar a todo tipo de investigaciones que mejores el sexo de los colombianos. (¿Cómo es una visita conyugal en la cárcel Buen Pastor?)

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